miércoles, 11 de octubre de 2017

Imagen relacionadaSiga algunas reglas crecientes fáciles y usted también puede acertado crecer un poinsettia y una planta de interior suculenta. Las reglas incluyen encofrado, riego e iluminación ..








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El riego mínimo es clave. Un pequeño suculento sólo debe recibir alrededor de 1/4 taza de agua por semana. Recuerde no dejar que su planta se remoje en agua estancada. Esto matará a su succulent en ninguna hora en absoluto. Las pequeñas rocas o la cerámica quebrada dentro de la parte inferior de su pote de cerámica ayudarán con el drenaje del agua y guardan las raíces de conseguir el agua registrada también.

Había una vez un escritor que vivía en una tranquila playa, cerca de un pueblo de pescadores. Todas las mañanas iba a caminar por la orilla del mar para inspirarse y las tardes las pasaba en su casa escribiendo. 

Cierto día, mientras caminaba por la playa, vio una sombra que parecía bailar. Notó que un joven se agachaba constantemente, recogía algo y lo arrojaba al agua. Una y otra vez lanzaba cosas al mar.

Cuando el escritor se acercó más todavía, vio que el joven recogía estrellas de mar que se habían clavado en la playa y una a una, las iba devolviendo al agua.

El escritor sintió curiosidad. Se acercó y dijo: 

- "Buenas noches, amigo. ¿Me pregunto qué está haciendo?"

- "¿Usted no ve?" - replico el joven - "En este momento, la marea está baja y todas estas estrellas quedaron en la costa y el sol está brillando. Si no las echo nuevamente al mar, se secarán y morirán en la arena."

El escritor se quedó paralizado por lo que había dicho el joven, y él le dijo: 

- "Joven, existen millones de kilómetros de playa en este mundo y centenas de millones de estrellas de mar desparramadas por las playas. ¿Qué diferencia hay? Solo puedes devolver unas pocas estrellas al océano y la mayoría muere. ¿Qué diferencia hay?"

- "Al menos para esta estrella, hice una diferencia..."

Aquella noche el escritor no pudo escribir, ni siquiera dormir. Por la mañana del siguiente día volvió a la orilla, buscó al joven y se unió a él, juntos comenzaron a arrojar las estrellas de mar al océano. 

Resultado de imagen para de compras en el mercado
iércoles, a las 9. Los chicos están en el colegio, la casa quedó organizada y se augura un día movido. Lorena, Paula, Karina, Ana y Sandra se suben a la camioneta y dejan atrás Martínez para tomar la avenida General Paz, rumbo a Tapiales, en La Matanza. El destino: el Mercado Central, a metros de la autopista Ricchieri y Boulogne Sur Mer. El objetivo: proveerse de frutas, verduras, carnes y lácteos para las próximas dos semanas.


 Estas cinco profesionales se organizan y, cada 15 días, parten felices hacia un punto de la ciudad al que, hasta no hace mucho, sólo veían de refilón camino a Ezeiza. Pero las costumbres -y los precios- cambiaron y lo que hasta hace un tiempo parecía irrisorio se volvió una práctica que disfrutan.
 El Mercado Central, repleto de clientes; los sábados es el día de mayor concurrencia

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